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No
es en absoluto fácil describir con palabras en qué
consiste un concierto de Programme. Para empezar, es necesario anunciar
que nadie nunca vio algo parecido al directo del dúo de Tolouse.
Se trata de un espectáculo audiovisual en el que entran en
juego factores que en el directo de cualquier otro grupo pasarían
desapercibidos. Me refiero al despliegue visual que el grupo trae
consigo. A la guitarra de Damien Betous y la voz y programaciones
de ritmos de Arnaud Michniak se une un juego de luces que convierte
el concierto en algo increíblemente impactante y estremecedor.
Flashes, rayos uva y una combinación interminable de luces
de distintos colores resplandecen tras el grupo y se confunden con
el humo, la oscuridad total del resto de la sala y las tenues luces
que los franceses incorporan en sus micrófonos para iluminar
sus rostros.
Una vez descrita la dimensión visual del concierto, sin la
cual no se entiende el conjunto del concepto que Programme proponen
en directo, lo siguiente es hablar de la actitud del dúo.
Arnaud Michniak y Damien Betous sufren una salvaje transformación
cada vez que pisan un escenario. Como si un auténtico demonio
se instalara en su interior, los músicos enloquecen hasta
convertirse en convulsos portadores del mensaje destructor de Programme.
"¡¡¡¡Quién no está muerto
aquí!!!!"
Ese fue el grito de guerra con el que Michniak abrió su espectáculo,
y ese fue el fantasma que planeó sobre todos los temas que
tocaron. Bajo esa premisa, todo lo que vino después estaba
justificado. La violencia de "Boomerang", la salvaje calma
de "Il ya" o la fuerza arrolladora de "N'importe
quoi pour n'importe qui" están supeditadas al mensaje
nihilista de Michniak, y no son más que las distintas caras
del mismo mundo que los franceses están empeñados
en demostrarnos (una vez que uno ha comprendido el mensaje de Programme,
una sensación de inquietud se instala en su cuerpo, algo
que le acompaña para el resto de su vida, como aquel que
sostiene un cruce de miradas con la mismísima muerte).
"Una vida en la cual no echaremos nada en falta al
final del camino porque, una vez apagado el incendio, lo único
que queda es un montón de cenizas frías de las que
nadie podría adivinar el origen.
Una vida para nada"
Esas fueron las últimas palabras pronunciadas (sustitúyanlo
por escupidas a la cara del espectador) por Arnaud Michniak. Los
versos finales de "Une Vie" (en directo suena como un
tren arrollador que inevitablemente impacta contra ti, que en ese
momento no eres más que un pobre animalillo inmóvil
y deslumbrado por la luz) fueron el colofón a un concierto
que se antoja completamente imposible de olvidar.
El caso es que todas estas palabras son inútiles. Nada sirve
para explicar lo que se siente ante el directo de Programme. Sólo
una cosa puede decirse sin lugar a discusión: aquel que tiene
la inmensa suerte de poder verlos en directo queda marcado para
toda su vida.
C
Moog
Fotos
de Antonio Moreno
Leer
la entrevista a Programme>>
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